Bendita la esperanza que asignamos a los comienzos.
Qué ingenuo el olvidarnos que no es necesaria la espera a otro final;
a otra cuenta atrás que, en realidad, te empuja hacia delante aunque no quieras.
Y en ese nuevo principio me encuentro a mí, como a tantos otros
cayendo en la dulce trampa de los propósitos.
Digo trampa porque nunca dejan de ser eso: propósitos.
Digo dulce porque siempre resulta tentador volverlo a intentar.
Nunca
Siempre

Suena: Old Pine, Every Kingdom – Ben Howard